Cuentan que Alonso de Fonseca I fue, durante el siglo XV, obispo de Ávila, y arzobispo de Santiago y Sevilla, además, de «favorito» del rey Enrique IV de Castilla, pero, en el caso que nos ocupa, para encuadrar toda esta complicada dinastía de los «fonsecas», es necesario señalar que era también tío de Alonso de Fonseca II. La cita correcta del titular de este relato está establecida por la realidad de la historia acaecida entre el tío y el sobrino, la cual ha servido para popularizar el dicho de «Quien fue a Sevilla, perdió su silla», aunque, la realidad es distinta, pues este suceso se materializa de forma diferente mediante el encabezamiento de este cuento jacobeo: «Quien se fue de Sevilla, perdió su silla».