Cuentan que en el Camino de Santiago que atraviesa el Pirinero por el Baztan, en el valle de Xareta —Tierra arbolada en euskera— con sus pueblos de Ainhoa, Sara, Urdazubi-Urdax y Zugarramurdi siempre ha existido la creencia en las brujas y los hechiceros. En Urdazubi-Urdax, por ejemplo, los habitantes de algunos barrios —cuenta la leyenda— celebraban akelarres, habitualmente, en las cuevas cercanas, como la de Ikaburu, todos los viernes por la noche. Y, también, según cuenta el mito, en uno de los arrabales de Urdax había una bruja, que todos los viernes asistía a los akelarres. Esta hechicera tenía por vecinos a dos hermanos jorobados, muy poco contentos son su apariencia, los cuales sabían lo que hacía la mujer al llegar el fin de semana.